|
|
|
|
Santa
Juana de Chantal
Vida
- Exhortaciones - Visión de San
vicente de Paul
|
|
|
|
En el mismo año en que Francia se
desgarraba con las guerras de religión y la matanza de San Bartolomé, nació
Juana Francisca en Dijon, de una familia de nobles Magistrados, el 23 de enero
1572. Santa Juana fue contemporánea de
S.
Carlos Borromeo de Italia, de Sta.
Teresa de Ávila y S.
Juan de la Cruz de España, de S.
Juan Eudes y de sus compatriotas, el Cardenal de Berulle, el Padre Olier y
sus dos renombrados directores espirituales, San
Francisco de Sales y San
Vicente de Paúl. En el mundo secular, fue contemporánea de Catalina
de Medici, del Rey Luis XIII, Richelieu, Mary Stuart, la Reina Isabel y
Shakespeare.
Su
padre, Benigno Frémyot, Señor de Thoste, abogado, Consejero de la Cámara de
Cuentas y más tarde presidente del Parlamento de Borgoña, se había casado
con Margarita Berbisey que pertenecía, también, a una gran familia de
parlamentarios de Dijon.
|
|
Ya
lo tenía Juana todo para ella. En lugar de brillo mundano y de gran fortuna,
parecía que la pareja disfrutaría de una dicha serena en su hermosa
residencia campestre.
|
|
Pero
el otoño de 1601 trajo el drama. Durante una cacería, el barón de Chantal
fue herido accidentalmente por uno de sus vecinos, amigo y pariente suyo, el
señor d´Anlezy, murió al cabo de nueve días pidiendo a su esposa que
perdonase a su involuntario asesino.
En
esta época, Juana es piadosa y prudente, caritativa con los pobres y los
enfermos la llaman “la perfecta señora” y aparece por entonces como la
madre de familia ideal, tal como las gentes de su época y de su condición la
soñaban.
Aunque
sus dos primeros alumbramientos fueron malogrados, pronto cuatro pequeños
vinieron a alegrar su hogar y a acrecentar sus desvelos: Celso Benigno, María
Amada, Francisca y Carlota.
|
|
Poco
tiempo después, el barón de Chantal, desilusionado en sus ambiciones,
abandonó lo Corte y se retiró a Bourbilly.
Viudez.
Hacia la entrega total al Señor (1601-1610)
|
|
La
baronesa de Chantal se encontró viuda y con cuatro hijos pequeños. Su dolor
fue inmenso pero esta cruel pena marcó también la primera etapa de su vocación
religiosa.
A
través de una serie de duras pruebas va a entrar en la vía mística.
Al
mismo tiempo que se siente llamada al don total de sí misma, tiene que luchar
con tentaciones contra la fe y la esperanza.
¡Si
al menos tuviera un director comprensivo y prudente para guiarla...!
Había
dejado Bourbilly a petición de su suegro, Guy de Rabutin, para ir a vivir con
él y sus cuatro hijos, en el castillo de Monthelon, cerca de Autun.
|
|
El
anciano caballero, rústico y áspero, vivía allí dependiendo en todo de una
sirvienta ama de llaves que no ahorró a la joven viuda ningún tipo de
vejaciones. Dando prueba de una paciencia heroica, la Señora de Chantal se
refugió en la oración, en la educación de sus hijos y en la atención y
cuidado de los pobres.
En
1604, los
regidores municipales de Dijon pidieron al Obispo de Ginebra, Monseñor
Francisco de Sales, que predicase la Cuaresma en esa ciudad. Su fama de
elocuencia y de santidad comenzaba ya a extenderse por Francia después de la
misión del Chablais y tras su estancia en París.
Juana
de Chantal fue
a instalarse por un tiempo en casa de su padre para tener la oportunidad de
escuchar a ese predicador del que tanto bueno se decía y reconoció en él al
guía que Dios le destinaba.
En
confesión, se atrevió a confiarle sus penas interiores y su deseo
de vida religiosa, Francisco
de Sales descubrió
enseguida en ella un alma de elección hacia la que se sintió inmediatamente
atraído también, por una profunda comunión de ideas y sentimientos. Pero
con su prudencia habitual quiso reflexionar para dar lugar a un más amplio
conocimiento, y fijó un nuevo encuentro para el 24 y 25 de agosto, en la
peregrinación a San Claudio. Fecha decisiva que marcó entre ellos el
comienzo de una relación espiritual única y les orientó hacia la realización
de una gran obra común.
|
|
En
busca de una nueva vida religiosa (1604 -1610)
La
baronesa de Chantal ignoraba todavía la forma concreta que tomaría su vocación
religiosa. Francisco de Sales buscaba con ella el camino y después de haber
puesto a prueba su obediencia y su abandono a la voluntad de Dios, le reveló
el 4 de junio de 1607 el proyecto que había concebido.
En
esos comienzos del siglo XVII no existía todavía otra posibilidad que la de elegir entre dos
extremos: las Órdenes reformadas, muy austeras, como el Carmelo, que exigían
además de un alma heroica, una salud robusta; y las antiguas abadías, caídas
en relajación, que ya no ofrecían más que una caricatura de vida monástica.
¿No había entre ambos extremos un vacío que colmar?
De
ahí vino la idea de una pequeña Congregación que, poniendo el acento en la
ascesis interior, hiciera la vida contemplativo accesible a las almas que no se
sentían atraídas por las austeridades o que carecían de salud para
soportadas, especialmente las viudas o las jóvenes de poca salud. Al no tener
votos solemnes ni clausura rigurosa, sería posible unir a la oración un
cierto apostolado, según las necesidades, bien con enfermos pobres o bien
atendiendo a señoras que sentían la necesidad de hacer un retiro por algún
tiempo.
Pero
la Señora de Chantal tenía entonces obligaciones familiares de las cuales no
le era posible liberarse enseguida.
Poco
a poco, sin embargo, las dificultades fueron desapareciendo. Su hija Carlota
murió a fines de enero 1610; Celso Benigno, el hijo mayor, del cual se había
hecho cargo el Presidente Frémyot, empezaría pronto su carrera en la Corte;
y el 13 de octubre 1609 María Amada se había unido en matrimonio con
Bernardo de Sales, botón de Thorens, hermano del Obispo de Ginebra. No
quedaba más que Francisca, que sería la primera pensionista de la nueva
Congregación.
|
|
Después
de una desgarradora despedida de su familia, la baronesa de Chantal llegó por
fin a Annecy para inaugurar el 6 de junio 1610 una nueva forma de vida
religiosa.
Juana
Carlota de Bréchard, a la que ella había traído de Borgoña, y María
Jacobino Favre, hija de un eminente jurisconsulto, y una tornera: Ana Jacobino
Coste, iban a intentar con ella esta aventura espiritual.
Y
en la pequeña casita llamada “de la Galería”, situada fuera del recinto
de la ciudad, entre huertos de frutales y jardines que descendían hacia el
lago, tuvo lugar el nacimiento de la Visitación.
|
|
El primer año pasó en un fervoroso noviciado. En estos comienzos consultaban con San Francisco de Sales la menor dificultad que surgía y él aprovechaba para iniciarlas en su nueva vida y comunicarles en forma de reflexiones prácticas los principios de su espiritualidad. "Nuestro Santo Fundador, escribe Juana de Chantal, nos visitaba a menudo, nos confesaba: cada quince días y nos daba pequeñas conferencias espirituales para enseñamos la verdadera perfección.”.
Fielmente
recogidas por sus Hijas, las ideas del Obispo de Ginebra formaron más tarde
una colección llamada “Conversaciones espirituales”.
Annecy
pequeña capital que pertenecía a los duques de Genevois-Nemours, contaba
entonces con una población de unos 4.500 habitantes. Muchas miserias se
escondían en las buhardillas de sus viejas casas bordeadas de arcos, que se
apiñaban al pie del castillo o en los
graneros de los arrabales.
A
partir de 1612,
la Madre de
Chantal y sus Hijas empezaron a visitar esas miserables casas llevando víveres
y medicinas y reconfortando la fe con su asistencia materna. Pero eso no
pasaba de ser un ejercicio de caridad, especialmente oportuno en una ciudad en
la que los medios hospitalarios brillaban cruelmente por su Calleja de la ciudad vieja de Annecy
ausencia, que nunca debería obstaculizar al objetivo principal: el amor y el servicio
de Dios en la vida contemplativo.
|
|
Así
se asentaban progresivamente las grandes líneas de un intento original y enteramente nuevo. Con
aquella Visitación de los comienzos, Francisco de Sales estaba intentando una experiencia análoga a
aquella que tanto
éxito había
logrado con “La Introducción a la vida devota”: hacer la vida religiosa más ampliamente accesible,
pero sin devaluarla.
La
relativa suavidad de la Regla estaría compensada por la insistencia puesta en la práctica de la
humildad y de
la caridad, en
la lucha contra el egoísmo y el amor propio para así liberar al alma de sus apegos y hacerla más
disponible a la acción divina.
|
|
El
fin estaba claramente señalado, pero la flexibilidad al elegir los medios
debería permitir la adaptación a las circunstancias y a las necesidades. La
Visitación sería una casa de
oración, un hogar de irradiación espiritual, un instrumento de apostolado al
servicio de la renovación católica.
La
Fundación de la Visitación en Lyon en 1615, trajo consigo una transformación
del proyecto primitivo. El arzobispo Dionisio Simón de Marquemont suprimió
por su propia autoridad, las visitas a los pobres y a los enfermos y exigió
la clausura rigurosa y los votos solemnes.
San
Francisco de Sales no puso ninguna objeción respecto al primer punto, nunca
pensó fundar a las Hijas de la Caridad, adelantándose a San Vicente de Paúl,
como a veces se ha escrito, pero intentó defender la originalidad de su obra.
Finalmente,
el 23 de abril de 1618, por Acta de Pablo V, la Visitación fue erigida como
Orden religiosa con clausura permanente y votos solemnes.
|
|
El
Arzobispo de Lyon no fue el único responsable de esta transformación. Nos parece que ella es como la resultante de
factores complejos. Por una parte, la legislación de la Iglesia no admitía
entonces como "verdaderas religiosas" si no tenían clausura y votos
solemnes; por otra parte, los prejuicios interesados de las familias, apoyaban
este punto de vista: “A una joven, decían, le es absolutamente necesario
o un claustro o un marido...”.
Y
por fin, la corriente de intenso misticismo de ese ron siglo de las almas,
inclinaba a las religiosas, que no tenían clausura a pedirla.
|
|
Casi
todas aquellas primeras Hijas de la Visitación, que iban por la vía de la mística,
se dejaron arrastrar conscientemente por ese movimiento, hasta el punto de
que la transformación de su pequeña Congregación en Orden religiosa
propiamente dicha, no representó para ellas un sacrificio sino la consumación
de una evolución en la que vieron manifestarse la Voluntad de Dios: “...
de repente nos encontramos del todo cambiadas, y con un deseo de clausura
conforme a la resolución adoptada por nuestro Bienaventurado Padre...”,
escribe Santa
Juana de Chantal.
El
rápido crecimiento de la Visitación no se vio entorpecido, sino al
contrario, por el hecho de su evolución a Orden contemplativa. En esta
expansión la Madre de Chantal tomará una parte cada vez más importante.
|
|
|
|
Los
primeros años de su vida religiosa estuvieron jalonados por períodos de
violentas angustias y de tentaciones que marchaban a la par con su mal estado
de salud. El año 1617 trajo muy crueles pruebas a su corazón de madre: la
muerte de su yerno, Bernardo de Sales, ocurrida en Turín el 23 de mayo, después,
la de su hija María Amada, el 16 de septiembre, tras un alumbramiento
prematuro.
Diez
años más tarde, el 22 de julio 1627, perderá a su único hijo varón, Celso
Benigno, joven militar caído en combate en la isla de Re. De su matrimonio
con María de Coulanges dejó una niñita que con el tiempo llegó a ser la célebre
marquesa de Sévigné.
A
partir de 1618 empieza el gran período de las fundaciones. El 8 de abril
1618, estableció
una Visitación en Grenoble,
donde las predicaciones del Obispo de Ginebra habían preparado el terreno. En
otoño del mismo año comienza un viaje que la mantendrá más de cuatro años
alejada de Annecy.
Primero,
la fundación de un Monasterio en Bourges. De allí, Francisco de Sales la
llama a París, donde permanecerá casi tres años, ocupándose de los
principios laboriosos de una nueva Visitación; preparando el matrimonio de su
hija Francisca con el conde Antonio de Toulongeon, vigilando las fundaciones de Montferrand,
Nevers, Orleans y Valence. Dejó la capital para ir a fundar a Dijon, el 8 de
mayo 1622.
Y
a fines de octubre de 1622, está en Lyon, donde tiene la alegría de volver a
ver a San Francisco de Sales.
Aunque
no se habían visto desde hacía tres años, él no le dio tiempo para hablar
del estado de su alma, para consagrar toda la conversación a los asuntos de la Orden y enseguida
le pidió que fuera a visitar los monasterios de Montferrand y de SaintEtienne.
¿Quería
él probar una vez más el perfecto desprendimiento de la Madre?
Efectivamente, desde 1616 le había pedido que renunciase incluso a lo que aún
podía quedar de apego sensible en la amistad espiritual de ambos.
|
|
Este
encuentro iba a ser el último. El 28 de diciembre 1622 Francisco de Sales moría
en la Visitación de Lyon.
De
ahora en adelante estaría sola para guiar una nueva familia religiosa que
contaba ya con trece monasterios.
Deseando
amoldarse en todo a la Regla, como la más humilde de las Religiosas, jamás
quiso aceptar el titulo de Madre general. Sin embargo, su influencia
espiritual era inmensa e incontestable. Nada se decidía sin ella.
San
Francisco de Sales había hecho editar las Constituciones de la
Visitación, pero había dejado además numerosas notas manuscritas referentes
al Directorio espiritual y al Costumbrero. Para asegurar en
todas partes la igualdad en la observancia, era importante poner a punto esas
notas y completar con vistas a una de las Constituciones nueva edición.
Y
ésa fue la obra de Santa Juana de Chantal. Intérprete y guardiana de la
tradición salesiana, de ellas supo extraer respuestas originales a cuestiones
nuevas que el rápido desarrollo de la Orden hacía surgir.
|
|
Estas
respuestas podemos encontradas en los numerosos escritos que nos llegan, y que
corresponden a sus exhortaciones, conversaciones, y dichos que fueron
recogidos por sus hijas.
En
su voluminosa correspondencia es donde ciertamente podemos descubrir la
expresión más espontánea, más auténtica y más rica de la personalidad de
Santa Juana de Chantal. Dictaba a sus secretarias o escribía ella misma, con
su letra grande llenaba todos los márgenes, siempre deprisa, urgido por algún
recadero que esperaba el paquete de misivas para hacerlo llegar a uno u otro
Monasterio.
Sus
cartas nos la revelan maestra espiritual, dirigiendo las almas según los
principios de San Francisco de Sales, pero también utilizando su psicología
femenina, su vigor y su ternura maternal.
Sin
cesar exhorta, consuela, levanta los ánimos, entremezclando las advertencias
de dirección con consejos prácticos sobre los temas más diversos: elección
de novicias, relaciones con las familias, la cantidad de la dote, construcción
de edificios.
Eminentemente
activa y práctica, la Madre de Chantal escribió muchas Cartas dirigidas
a sus hijas, y a otras muchas personas de las que se conservan cerca de 3000,
aunque las más preciosas, referidas a su vida interior, desgraciadamente
desaparecieron bajo el fuego al que ella misma las arrojó tras la muerte de
San Francisco de Sales. Existen, sin embargo, algunas, y además, leyendo las
respuestas de San Francisco, el director, se sabe el contenido y la situación
espiritual de la dirigida.
|
|
Su
influencia, por supuesto no se limita sólo a la Visitación. Aconseja y
dirige a laicos, a señoras del mundo, incluso a eclesiásticos, empezando
por su hermano, el Arzobispo de Bourges, prelado mundano que retornó a la
devoción.
Para
entrar en los detalles de las fundaciones y de las visitas de la Madre de
Chantal a los monasterios de la Orden tendríamos que seguirla en largos
viajes a través de Francia, la Lorena ducal, Saboya y el Piamonte.
El
11 de mayo 1641 deja su cargo de Superiora del primer Monasterio de Annecy con
la intención de jamás volverlo a tomar. Tiene 69 años. Fatigadísima por
pruebas y sufrimientos y muertes de muchos de sus seres queridos, aspira a
descansar.
Pero
la duquesa de Montmorency la llama a la Visitación de Moulins, donde va a
vestir el hábito de la Orden. y la infatigable viajera se pone en camino.
La
reina Ana de Austria la hace ir a Saint Germain en Laye para conversar con
ella.
|
|
Desde
París vuelve
a Moulins, pero
al llegar tiene que meterse en cama el 8 de diciembre y el 13 muere llena de
paz tras haber dictado sus últimas recomendaciones a sus queridas Hijas de la
Visitación por las cuales se había dado sin medida durante más de treinta años.
Dejaba la Orden sólidamente establecida, con 87 Monasterios.
Llevado
a Annecy el 30 de diciembre, su cuerpo fue inhumado en la Iglesia de la
Visitación, asociado a la veneración que rodea las reliquias de San
Francisco de Sales, en espera de los honores oficiales de la beatificación el
21 de agosto de
1751 y de la canonización el 16 de julio de 1767.
"La
Orden de la Visitación de Santa María, dicen las Constituciones actuales fue
fundada por San Francisco de Sales y Santa Juana de Chantal, bajo la inspiración del Espíritu
Santo, "para dar a Dios
hijas de oración,
tan interiores que sean encontradas dignas de adorarle en espíritu y en
verdad. Un espíritu que no busca sino a Dios y tiende continuamente a unirse
a Él; un espíritu de profunda humildad para con Dios y de gran dulzura para
con el prójimo; un espíritu que no pone el acento en las austeridades
exteriores, deben suplirla con la renuncia interior y una gran sencillez y
alegría en la vida común."
Con
este espíritu la Madre de Chantal, como se ha dicho, dejó establecidos 87
Monasterios en diciembre de 1641, extendidos por Francia, Italia, Saboya, hoy,
casi cuatro
siglos después de la fundación del Primero en Annecy, son 160 los
monasterios esparcidos en cuatro continentes.
Más
de 100 monasterios en Europa: Francia, España, Italia, Suiza, Austria,
Alemania, Croacia, Hungría, Portugal, Polonia, Bélgica, Inglaterra, Irlanda,
República Checa.
|
|
América:
Estados Unidos, Canadá, Colombia, Méjico, Brasil, Paraguay, Argentina,
Chile, Uruguay, Panamá, Guatemala, Perú, Ecuador, República Dominicana.
África:
Congo, Burundi, Ruanda.
Asia:
Líbano y Corea, estando varios monasterios en su fase de fundación tanto en
Asia, como en América o África.
2.
Escritos
Sus
Cartas, de las que se conservan alrededor de 3.000, cuya edición
crítica realizó en francés el Monasterio de Annecy recientemente en 6 volúmenes;
las Explicaciones a la Regla, las Exhortaciones y Conferencias,
así como las Respuestas, y todos los trabajos de recopilación de
las Cartas de San Francisco de Sales, editada en 1626,
costumbres y observancias recogidas en el Costumbrero Ceremonial, y
Directorio; edición de “Las verdaderas Conversaciones
espirituales” aparecidas
en 1629.
"¿Queréis ser humilde, hija mía? Tratad de conoceros bien; desead que os reconozcan imperfecta; amad el desprecio, en todas sus formas y de cualquier parte que os venga. No ocultéis vuestros defectos; dejad que se vean, aceptando con cariño la abyección que de ellos os resulte. No dejéis nunca decaer vuestro corazón por alguna falta que podáis cometer. Desconfiad de vos misma y confiad única e incesantemente en Dios, persuadida de que, no pudiendo nada por vos, todo lo podéis con su gracia y poderosa ayuda." -a sus hijas espirituales de la Orden de la Visitación.
En un retiro de Navidad
"(Jesucristo) es un Señor tan grande, rico y poderoso, que no tiene necesidad de nuestros bienes. ¿Qué presentes podremos, pues, hacerle, si todo el mundo es suyo? Es preciso ofrecerle almas puras y corazones limpios y blancos y vacíos de todas las cosas terrenas; fijaos que nuestras almas han de estar muy limpias para ser ofrecidas a este Niño divino, que nace en este día, el cual es Autor de toda pureza y santidad. He aquí el más grato presente que podemos hacerle: un corazón limpio, contrito y humillado. Él no quiere de nosotras más que el corazón."
Sobre las cualidades que debe tener nuestro trato y nuestro afecto hacia el prójimo
"Mis queridas Hermanas, no nos hagamos ilusiones; es preciso que nuestro afecto, para ser bendecido por Dios, sea común e igual, pues el Salvador no ha mandado que se amara más a unos que a otros, sino que ha dicho: Amarás al prójimo como a ti mismo.
Pensamos a veces que nuestros afectos son muy puros; pero delante de Dios es muy diferente; el afecto que es del todo puro no mira más que a Dios, no aspira más que a Dios y no pretende más que a Dios. Yo amo a mis Hermanas porque veo a Dios en ellas y porque Dios lo quiere así... Vuestra caridad es falsa si no es igual, general y completa con todas vuestras Hermanas, de manera que seáis tan suave con una como con otra. El motivo del amor que profesáis a vuestras Hermanas no debe estar fundado más que en el seno de Dios; si está fuera de ahí, no vale nada. ...cuanto esta unión con nuestras Hermanas sea más pura, más general y más entera, tanto mayor será nuestra unión con Dios."
Sobre la reforma del alma
"En verdad, mis queridas hijas, es por falta de conocernos bien por lo que nos asombramos de vernos defectuosas, pues presumimos tanto de nosotras, que siempre esperamos algo bueno; nos engañamos, y Ntro. Señor mismo permite que caigamos, algunas veces bien torpemente, a fin de que nos conozcamos...
Este conocimiento de nosotras mismas consiste en que debemos creer, con gran certidumbre de fe, que no somos nada, que no podemos nada; que somos débiles, flacas e imperfectas, aficionando nuestra voluntad a amar nuestra pobreza y miseria.
La reforma del alma comienza: por el conocimiento de sí misma y la confianza en Dios; el propio conocimiento nos hará ver que hay en nosotras muchas cosas que corregir y reformar, y que, sin embargo, no podremos llevarlo a cabo por nosotras mismas; la confianza en Dios nos hará esperar que todo lo podemos en Él y que, con su gracia, todas las cosas nos serán posibles y fáciles."
Sobre la caridad y la pureza de intención
"Alguna vez podrá ocurrir que una Hermana nos haya molestado, que nos haya hecho alguna mala partida, o que no le tengamos simpatía; otra vendrá a hablarnos bien de ella, y contestaremos con medias palabras que rebajarán todo aquel bien y harán como una gota de aceite que cae en la tela, una mancha irremediable en el corazón de aquella Hermana con quien hablamos. Y notad que todo el mal que haga la Hermana a consecuencia de esa mala impresión que nosotras le hayamos causado cargará sobre nuestra conciencia, y seremos culpables de ello y castigadas severamente. Dios dice que odia seis cosas, pero que la séptima la abomina, y son aquellos que desunen los corazones y siembran la discordia entre los hermanos."
Sobre el amor propio y los perjuicios que causa en el alma
"Cuando uno se ha vencido o ha ejecutado alguna buena acción, se siente cierta complacencia y satisfacción que lo estropea todo, y nos lo hace perder todo, si no ponemos mucho cuidado. ¡Qué desgracia cuando, después de haber hecho algunos sacrificios, alguna auto-negación de actitudes o palabras o cualquier otra cosa, terminamos complaciéndonos en nosotras mismas! Pero mirad: si no se puede nunca, o rara vez, hacer el bien sin que nos quede alguna satisfacción, esto no es malo; la que echa a perder todo es el entretenerse y complacerse en ello.
Y ¿qué hacer entonces? Hay que ahuyentar y aniquilar todos los pensamientos de complacencia y vana satisfacción, humillarse y procurar su desprecio, dar a Dios la gloria de todo y reconocer que nada podemos por nosotras mismas. O sea que no se debe buscar más que la gloria de Dios en todas las cosas y no hacer nada sino para complacerle."
Sobre "la confianza
que debemos tener
en la infinita sabiduría, bondad y omnipotencia de Dios":
"...Consideraba que Ntro. Señor ha permitido que desde el tiempo de los Apóstoles haya habido siempre herejías, y toleraba que se adorara a los perros, gatos y otra suerte de ídolos, como si fueran verdaderos dioses; y pensar que nosotras, miserables criaturas como somos, nos queremos preferir a las demás; queremos que nos estimen, y nos disgustamos cuando no hacen más caso de nosotras que de las demás; ¡y, no obstante, vemos que el Hijo de Dios ha sufrido tantos desprecios!
Sobre las palabras de
Ntro. Señor:
"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo..."
"Estas palabras son el fundamento de toda la perfección cristiana y religiosa. Negarse a sí mismo es renunciar a toda la voluntad de la carne, a todas nuestras inclinaciones, deseos, contentos, satisfacciones, delicadezas, gustos, placeres, humores, hábitos, propensiones, aversiones y repugnancias a las cosas ásperas; en fin, renunciar en todo y por todo a ese perverso yo. Luchar por destruir vuestros caracteres, pasiones e inclinaciones; en una palabra, toda nuestra naturaleza; y esto, con enérgica voluntad y con una generosa y perseverante mortificación de todo vuestro ser.
Es necesario saber que solamente hay que mortificar las inclinaciones imperfectas o de cosas malas, y no las buenas o las que tenemos a cosas buenas; por ejemplo: me mandan hacer un trabajo y yo me siento inclinada a hacer otro; hay que mortificar esta inclinación y sujetarla a la obediencia. Pero me dan a hacer un trabajo que me gusta: no debo entonces, bajo el pretexto de mortificar mi inclinación, rehusar dicho trabajo, sino ofrecer a Dios esta labor y decir: la hago, no por la inclinación que a ella siento, sino porque la obediencia me lo manda (o, en el caso de los laicos: Lo hago por amor a ti, Señor; o, porque es mi obligación)."
Es necesario aclarar que todos estos pasos de la vida espiritual hacia la santidad, los vivía y enseñaba Santa Juana, al igual que todos los santos, con gran gozo y amor, ya que los mandatos del Señor, lejos de ser una carga, "son dulces como la miel para quien ama a Dios", como decía S. Francisco de Sales.
En todas las conversaciones y cartas de Sta. Juana de Chantal, el pensamiento más importante era, sin duda, la mayor gloria de Dios y la santificación de las almas.
Podemos concluir compartiendo una visión que experimentó San Vicente de Paul
"San Vicente de Paúl me contó que, habiendo tenido noticias de la gravedad de la enfermedad de nuestra desahuciada Madre (Sta. Juana Fca. De Chantal), cayó de rodillas para rogar a Dios por ella, y el primer pensamiento que le vino, fue el de hacer un acto de contrición por los pecados que ella hubiera cometido, y que inmediatamente después, se le apareció un globito de fuego, que se levantaba de la tierra y se absorbía en la parte superior del aire con otro globo más grande y más luminoso y ambos se unieron en uno solo, fueron elevados más alto, entrando y ardiendo dentro de otro globo infinitamente más grande y más luminoso que los otros; y que él supo interiormente que el primer globo era el alma de Nuestra Carísima Madre, el segundo la de nuestro Bienaventurado Padre (S. F. de Sales) y el otro, la Esencia Divina, que el alma de nuestra queridísima Madre se había vuelto a unir a la de nuestro Padre, y las dos, con Dios, su Principio Soberano."
Él contó más adelante, que, "en la celebración de la Santa Misa por nuestra querida Madre apenas se enteró de que había pasado a mejor vida, se le ocurrió que debería rezar por ella, ya que podría estar en el purgatorio por ciertas palabras que había dicho hacía un tiempo, las cuales, al parecer, contenían pecado venial, y al instante volvió a tener la visión, los mismos globos y su unión, y tuvo la convicción interior de que el alma de nuestra Madre estaba bendecida, que no tenia necesidad de oraciones."
Deseamos que el conocer sobre la vida y algunos rasgos de las enseñanzas de Sta. Juana de Chantal, cuyos restos descansan en el Monasterio de Annecy, Francia junto a los de San Francisco de Sales, sean de gran provecho para el lector, lo lleven a amar más y a desear las virtudes del Corazón de Ntro. Señor Jesucristo y de su Santísima Madre y a promover el reinado de estos Dos Corazones, a través de una vida de virtud auténtica, oración y sacrificio.
| Página Principal |