Tercer Monasterio de la Visitación
"...nada pidáis y nada rehuséis; estad siempre conformes con lo que quiera Dios que en cada momento tengáis..."
(San Franciso de Sales)


Santa Juana de Chantal
Vida - Exhortaciones - Visión de San vicente de Paul


Casa donde nacio la Santa

Infancia 1572-1592 


Santa Juana con 20 años

En el mismo año en que Francia se desgarraba con las guerras de religión y la matanza de San Bartolomé, nació Juana Francisca en Dijon, de una familia de nobles Magistrados, el 23 de enero 1572. Santa Juana fue contemporánea de S. Carlos Borromeo de Italia, de Sta. Teresa de Ávila y S. Juan de la Cruz de España, de S. Juan Eudes y de sus compatriotas, el Cardenal de Berulle, el Padre Olier y sus dos renombrados directores espirituales, San Francisco de Sales y San Vicente de Paúl.  En el mundo secular, fue contemporánea de Catalina de Medici, del Rey Luis XIII, Richelieu, Mary Stuart, la Reina Isabel y Shakespeare.

Su padre, Benigno Frémyot, Señor de Thoste, abogado, Consejero de la Cámara de Cuentas y más tarde presidente del Parlamento de Borgoña, se había casado con Margarita Berbisey que pertenecía, también, a una gran familia de parlamentarios de Dijon.


Cristóbal de Rabutin

Ya lo tenía Juana todo para ella. En lugar de brillo mundano y de gran fortuna, parecía que la pareja disfrutaría de una dicha serena en su hermosa residencia campestre. 


Juana Fca. Frémiot, baronesa de Chantal

Pero el otoño de 1601 trajo el drama. Durante una cacería, el barón de Chantal fue herido accidentalmente por uno de sus vecinos, amigo y pariente suyo, el señor d´Anlezy, murió al cabo de nueve días pidiendo a su esposa que perdonase a su involuntario asesino. 

En esta época, Juana es piadosa y prudente, caritativa con los pobres y los enfermos la llaman “la perfecta señora” y aparece por entonces como la madre de familia ideal, tal como las gentes de su época y de su condición la soñaban. 

Aunque sus dos primeros alumbramientos fueron malogrados, pronto cuatro pequeños vinieron a alegrar su hogar y a acrecentar sus desvelos: Celso Benigno, María Amada, Francisca y Carlota.


Castillo de Bourbilly

Poco tiempo después, el barón de Chantal, desilusionado en sus ambiciones, abandonó lo Corte y se retiró a Bourbilly. 

Viudez. Hacia la entrega total al Señor (1601-1610)


La baronesa de Chantal, con tocado de viuda según la usanza

La baronesa de Chantal se encontró viuda y con cuatro hijos pequeños. Su dolor fue inmenso pero esta cruel pena marcó también la primera etapa de su vocación religiosa. 

A través de una serie de duras pruebas va a entrar en la vía mística. 

Al mismo tiempo que se siente llamada al don total de sí misma, tiene que luchar con tentaciones contra la fe y la esperanza. 

¡Si al menos tuviera un director comprensivo y prudente para guiarla...!

Había dejado Bourbilly a petición de su suegro, Guy de Rabutin, para ir a vivir con él y sus cuatro hijos, en el castillo de Monthelon, cerca de Autun.


Castillo de Monthelon

El anciano caballero, rústico y áspero, vivía allí dependiendo en todo de una sirvienta ama de llaves que no ahorró a la joven viuda ningún tipo de vejaciones. Dando prueba de una paciencia heroica, la Señora de Chantal se refugió en la oración, en la educación de sus hijos y en la atención y cuidado de los pobres. 

En 1604, los regidores municipales de Dijon pidieron al Obispo de Ginebra, Monseñor Francisco de Sales, que predicase la Cuaresma en esa ciudad. Su fama de elocuencia y de santidad comenzaba ya a extenderse por Francia después de la misión del Chablais y tras su estancia en París. 

Juana de Chantal fue a instalarse por un tiempo en casa de su padre para tener la oportunidad de escuchar a ese predicador del que tanto bueno se decía y reconoció en él al guía que Dios le destinaba. 

En confesión, se atrevió a confiarle sus penas interiores y su deseo de vida religiosa, Francisco de Sales descubrió enseguida en ella un alma de elección hacia la que se sintió inmediatamente atraído también, por una profunda comu­nión de ideas y sentimientos. Pero con su prudencia habitual quiso reflexionar para dar lugar a un más amplio conocimiento, y fijó un nuevo encuentro para el 24 y 25 de agosto, en la peregrinación a San Claudio. Fecha decisiva que marcó entre ellos el comienzo de una relación espiritual única y les orientó hacia la realización de una gran obra común. 


San Francisco de Sales

En busca de una nueva vida religiosa (1604 -1610) 

La baronesa de Chantal ignoraba todavía la forma concreta que tomaría su vocación religiosa. Francisco de Sales buscaba con ella el camino y después de haber puesto a prueba su obediencia y su abandono a la volun­tad de Dios, le reveló el 4 de junio de 1607 el proyecto que había concebido. 

En esos comienzos del siglo XVII no existía todavía otra posibilidad que la de elegir entre dos extremos: las Órdenes reformadas, muy austeras, como el Carmelo, que exigían además de un alma heroica, una salud robusta; y las antiguas abadías, caídas en relajación, que ya no ofrecían más que una caricatura de vida monástica. ¿No había entre ambos extremos un vacío que colmar?

De ahí vino la idea de una pequeña Congregación que, poniendo el acento en la ascesis interior, hiciera la vida contemplativo accesible a las almas que no se sentían atraídas por las austeridades o que carecían de salud para soportadas, especialmente las viudas o las jóvenes de poca salud. Al no tener votos solemnes ni clausura rigurosa, sería posible unir a la oración un cierto apostolado, según las necesidades, bien con enfermos pobres o bien atendiendo a señoras que sentían la necesidad de hacer un retiro por algún tiempo. 

Pero la Señora de Chantal tenía entonces obligaciones familiares de las cuales no le era posible liberarse enseguida. 

Poco a poco, sin embargo, las dificultades fueron desapareciendo. Su hija Carlota murió a fines de enero 1610; Celso Benigno, el hijo mayor, del cual se había hecho cargo el Presidente Frémyot, empezaría pronto su carrera en la Corte; y el 13 de octubre 1609 María Amada se había unido en matrimonio con Bernardo de Sales, botón de Thorens, hermano del Obispo de Ginebra. No quedaba más que Francisca, que sería la primera pensionista de la nueva Congregación. 

Fundación de la Visitación de Santa María (6 de junio de 1610)


Casa de la Galería (Annecy)

Después de una desgarradora despedida de su familia, la baronesa de Chantal llegó por fin a Annecy para inaugu­rar el 6 de junio 1610 una nueva forma de vida religiosa.

Juana Carlota de Bréchard, a la que ella había traído de Borgoña, y María Jacobino Favre, hija de un eminente jurisconsulto, y una tornera: Ana Jacobino Coste, iban a intentar con ella esta aventura espiritual. 

Y en la pequeña casita llamada “de la Galería”, situada fuera del recinto de la ciudad, entre huertos de frutales y jardines que descendían hacia el lago, tuvo lugar el nacimiento de la Visitación.


Patio de la Casa de la Galería, donde tenían lugar las Consersaciones

El primer año pasó en un fervoroso noviciado. En estos comienzos consultaban con San Francisco de Sales la menor dificultad que surgía y él aprovechaba para iniciarlas en su nueva vida y comunicarles en forma de reflexiones prácticas los principios de su espiritualidad. "Nuestro Santo Fundador, es­cribe Juana de Chantal, nos visitaba a menudo, nos confesaba: cada quince días y nos daba pequeñas conferencias espirituales para enseñamos la verdadera perfección.”.

Fielmente recogidas por sus Hijas, las ideas del Obispo de Ginebra formaron más tarde una colección llamada “Conversaciones espirituales”. 

Annecy pequeña capital que pertenecía a los duques de Genevois-Nemours, contaba entonces con una población de unos 4.500 habitantes. Muchas miserias se escondían en las buhardillas de sus viejas casas bordeadas de arcos, que se apiñaban al pie del castillo o en los graneros de los arrabales. 

A partir de 1612, la Madre de Chantal y sus Hijas empezaron a visitar esas miserables casas llevando víveres y medicinas y reconfortando la fe con su asistencia materna. Pero eso no pasaba de ser un ejercicio de caridad, especialmente oportuno en una ciudad en la que los medios hospitalarios brillaban cruelmente por su Calleja de la ciudad vieja de Annecy ausencia, que nunca debería obstaculizar al objetivo principal: el amor y el servicio de Dios en la vida contemplativo. 


San Francisco de Sales y Santa Juana de Chantal en presencia de San Agustín

Así se asentaban progresivamente las grandes líneas de un intento original y enteramente nuevo. Con aquella Visitación de los comienzos, Francisco de Sales estaba intentando una experiencia análoga a aquella que tanto éxito había logrado con “La Introducción a la vida devota”: hacer la vida religiosa más ampliamente accesible, pero sin devaluarla. 

La relativa suavidad de la Regla estaría compensada por la insistencia puesta en la práctica de la humildad y de la caridad, en la lucha contra el egoísmo y el amor propio para así liberar al alma de sus apegos y hacerla más disponible a la acción divina. 


Madre Mª Jacobina Favre, primera superiora de Lyon

El fin estaba claramente señalado, pero la flexibilidad al elegir los medios debería permitir la adaptación a las circunstancias y a las necesidades. La Visitación sería una casa de oración, un hogar de irradiación espiritual, un instrumento de apostolado al servicio de la renovación católica. 

La Fundación de la Visitación en Lyon en 1615, trajo consigo una transformación del proyecto primitivo. El arzobispo Dionisio Simón de Marquemont suprimió por su propia autoridad, las visitas a los pobres y a los enfermos y exigió la clausura rigurosa y los votos solemnes. 

San Francisco de Sales no puso ninguna objeción respecto al primer punto, nunca pensó fundar a las Hijas de la Caridad, adelantándose a San Vicente de Paúl, como a veces se ha escrito, pero intentó defender la originalidad de su obra. 

Finalmente, el 23 de abril de 1618, por Acta de Pablo V, la Visitación fue erigida como Orden religiosa con clausura permanente y votos solemnes. 


Mons. de Marquemont, Arzobispo de Lyon

El Arzobispo de Lyon no fue el único responsable de esta transformación. Nos parece que ella es como la resultante de factores complejos. Por una parte, la legislación de la Iglesia no admitía entonces como "verdaderas religiosas" si no tenían clausura y votos solemnes; por otra parte, los prejuicios interesados de las familias, apoyaban este punto de vista: “A una joven, decían, le es absolutamente necesario o un claustro o un marido...”. 

Y por fin, la corriente de intenso misticismo de ese ron siglo de las almas, inclinaba a las religiosas, que no tenían clausura a pedirla. 


El libro de Las Reglas

Libro de las Reglas 

Casi todas aquellas primeras Hijas de la Visitación, que iban por la vía de la mística, se dejaron arrastrar cons­cientemente por ese movimiento, hasta el punto de que la transformación de su pequeña Congregación en Orden religiosa propiamente dicha, no representó para ellas un sacrificio sino la consumación de una evolución en la que vieron manifestarse la Voluntad de Dios: “... de repente nos encontramos del todo cambiadas, y con un deseo de clausura conforme a la resolución adoptada por nuestro Bienaventurado Padre...”, escribe Santa Juana de Chantal. 

El rápido crecimiento de la Visitación no se vio entorpecido, sino al contrario, por el hecho de su evolución a Orden contemplativa. En esta expansión la Madre de Chantal tomará una parte cada vez más importante. 

Primeros años de vida religiosa 


Madame de Sevigné, nieta de Santa Juana de Chantal


Celso Benigno de Rabutin, barón de Chantal

Los primeros años de su vida religiosa estuvieron jalonados por períodos de violentas angustias y de tentaciones que marchaban a la par con su mal estado de salud. El año 1617 trajo muy crueles pruebas a su corazón de madre: la muerte de su yerno, Bernardo de Sales, ocurrida en Turín el 23 de mayo, después, la de su hija María Amada, el 16 de septiembre, tras un alumbramiento prematuro. 

Diez años más tarde, el 22 de julio 1627, perderá a su único hijo varón, Celso Benigno, joven militar caído en combate en la isla de Re. De su matrimonio con María de Coulanges dejó una niñita que con el tiempo llegó a ser la célebre marquesa de Sévigné. 

Fundaciones 

A partir de 1618 empieza el gran período de las fundaciones. El 8 de abril 1618, estableció una Visitación en Grenoble, donde las predicaciones del Obispo de Ginebra habían preparado el terreno. En otoño del mismo año comienza un viaje que la mantendrá más de cuatro años alejada de Annecy. 

Primero, la fundación de un Monasterio en Bourges. De allí, Francisco de Sales la llama a París, donde perma­necerá casi tres años, ocupándose de los principios laboriosos de una nueva Visitación; preparando el matrimonio de su hija Francisca con el conde Antonio de Toulongeon, vigilando las fundaciones de Montferrand, Nevers, Orleans y Valence. Dejó la capital para ir a fundar a Dijon, el 8 de mayo 1622. 

Y a fines de octubre de 1622, está en Lyon, donde tiene la alegría de volver a ver a San Francisco de Sales. 

Aunque no se habían visto desde hacía tres años, él no le dio tiempo para hablar del estado de su alma, para consagrar toda la conversa­ción a los asuntos de la Orden y enseguida le pidió que fuera a visitar los monasterios de Montferrand y de Saint­Etienne. 

¿Quería él probar una vez más el perfecto desprendimiento de la Madre? Efectivamente, desde 1616 le había pedido que renunciase incluso a lo que aún podía quedar de apego sensible en la amistad espiritual de ambos. 


Muerte de San Franciso de Sales en la casa del jardinero del MOnasterio de la Visitación de Lyon

Intérprete de la tradición salesiana 

Este encuentro iba a ser el último. El 28 de diciembre 1622 Francisco de Sales moría en la Visitación de Lyon. 

De ahora en adelante estaría sola para guiar una nueva familia religiosa que contaba ya con trece monasterios. 

Deseando amoldarse en todo a la Regla, como la más humilde de las Religiosas, jamás quiso aceptar el titulo de Madre general. Sin embargo, su influencia espiritual era inmensa e incontestable. Nada se decidía sin ella. 

San Francisco de Sales había hecho editar las Constituciones de la Visitación, pero había dejado además numerosas notas manuscritas referentes al Directorio espiritual y al Costumbrero. Para asegurar en todas partes la igualdad en la observancia, era importante poner a punto esas notas y completar con vistas a una de las Constituciones nueva edición. 

Y ésa fue la obra de Santa Juana de Chantal. Intérprete y guardiana de la tradición salesiana, de ellas supo extraer respuestas originales a cuestiones nuevas que el rápido desarrollo de la Orden hacía surgir. 


San Francisco de Sales y Santa Juana de Chantal en presencia de la Santísima Virgen María

Estas respuestas podemos encontradas en los numerosos escritos que nos llegan, y que corresponden a sus exhortaciones, conversaciones, y dichos que fueron recogidos por sus hijas. 

En su voluminosa correspondencia es donde ciertamente podemos descubrir la expresión más espontánea, más auténtica y más rica de la personalidad de Santa Juana de Chantal. Dictaba a sus secretarias o escribía ella misma, con su letra grande llenaba todos los márgenes, siempre deprisa, urgido por algún recadero que esperaba el paquete de misivas para hacerlo llegar a uno u otro Monasterio. 

Sus cartas nos la revelan maestra espiritual, dirigiendo las almas según los principios de San Francisco de Sales, pero también utilizando su psicología femenina, su vigor y su ternura maternal. 

Sin cesar exhorta, consuela, levanta los ánimos, entremezclando las advertencias de dirección con consejos prácticos sobre los temas más diversos: elección de novicias, relaciones con las familias, la cantidad de la dote, construcción de edificios. 

Eminentemente activa y práctica, la Madre de Chantal escribió muchas Cartas dirigidas a sus hijas, y a otras muchas personas de las que se conservan cerca de 3000, aunque las más preciosas, referidas a su vida interior, desgraciadamente desaparecieron bajo el fuego al que ella misma las arrojó tras la muerte de San Francisco de Sales. Existen, sin embargo, algunas, y además, leyendo las respuestas de San Francisco, el director, se sabe el contenido y la situación espiritual de la dirigida. 


Mons. André Frémyot, Arzobispo de Bourges

Su influencia, por supuesto no se limita sólo a la Visitación. Aconseja y dirige a laicos, a señoras del mundo, in­cluso a eclesiásticos, empezando por su hermano, el Arzobispo de Bourges, prelado mundano que retornó a la devoción. 

Para entrar en los detalles de las fundaciones y de las visitas de la Madre de Chantal a los monasterios de la Orden tendríamos que seguirla en largos viajes a través de Francia, la Lorena ducal, Saboya y el Piamonte. 

El 11 de mayo 1641 deja su cargo de Superiora del primer Monasterio de Annecy con la intención de jamás volverlo a tomar. Tiene 69 años. Fatigadísima por pruebas y sufrimientos y muertes de muchos de sus seres queridos, aspira a descansar. 

Pero la duquesa de Montmorency la llama a la Visitación de Moulins, donde va a vestir el hábito de la Orden. y la infatigable viajera se pone en camino. 

La reina Ana de Austria la hace ir a Saint Germain en Laye para conversar con ella. 


Monasterio de la Visitación de Moulins

Desde París vuelve a Moulins, pero al llegar tiene que meterse en cama el 8 de diciembre y el 13 muere llena de paz tras haber dictado sus últimas recomendaciones a sus queridas Hijas de la Visitación por las cuales se había dado sin medida durante más de treinta años. Dejaba la Orden sólidamente establecida, con 87 Monasterios. 

Llevado a Annecy el 30 de diciembre, su cuerpo fue inhumado en la Iglesia de la Visitación, asociado a la veneración que rodea las reliquias de San Francisco de Sales, en espera de los honores oficiales de la beatificación el 21 de agosto de 1751 y de la canonización el 16 de julio de 1767. 

Sus Obras 

1. La Orden de la Visitación de Santa María 

"La Orden de la Visitación de Santa María, dicen las Constituciones actuales fue fundada por San Francisco de Sales y Santa Juana de Chantal, bajo la inspiración del Espíritu Santo, "para dar a Dios hijas de oración, tan in­teriores que sean encontradas dignas de adorarle en espíritu y en verdad. Un espíritu que no busca sino a Dios y tiende continuamente a unirse a Él; un espíritu de profunda humildad para con Dios y de gran dulzura para con el prójimo; un espíritu que no pone el acento en las austeridades exteriores, deben suplirla con la renuncia interior y una gran sencillez y alegría en la vida común." 

Con este espíritu la Madre de Chantal, como se ha dicho, dejó establecidos 87 Monasterios en diciembre de 1641, extendidos por Francia, Italia, Saboya, hoy, casi cuatro siglos después de la fundación del Primero en Annecy, son 160 los monasterios esparcidos en cuatro continentes. 

Más de 100 monasterios en Europa: Francia, España, Italia, Suiza, Austria, Alemania, Croacia, Hungría, Portugal, Polonia, Bélgica, Inglaterra, Irlanda, República Checa. 


Primera edición de Costumbrero

América: Estados Unidos, Canadá, Colombia, Méjico, Brasil, Paraguay, Argentina, Chile, Uruguay, Panamá, Guatemala, Perú, Ecuador, República Dominicana. 

África: Congo, Burundi, Ruanda. 

Asia: Líbano y Corea, estando varios monasterios en su fase de fundación tanto en Asia, como en América o África. 

2. Escritos 

Sus Cartas, de las que se conservan alrededor de 3.000, cuya edición crítica realizó en francés el Monasterio de Annecy recientemente en 6 volúmenes; las Explicaciones a la Regla, las Exhortaciones y Conferencias, así como las Respuestas, y todos los trabajos de recopilación de las Cartas de San Francisco de Sales, editada en 1626, costumbres y observancias recogidas en el Costumbrero Ceremonial, y Directorio; edición de “Las verdaderas Conversaciones espirituales” aparecidas en 1629. 


EXHORTACIONES

"¿Queréis ser humilde, hija mía? Tratad de conoceros bien; desead que os reconozcan imperfecta; amad el desprecio, en todas sus formas y de cualquier parte que os venga. No ocultéis vuestros defectos; dejad que se vean, aceptando con cariño la abyección que de ellos os resulte. No dejéis nunca decaer vuestro corazón por alguna falta que podáis cometer. Desconfiad de vos misma y confiad única e incesantemente en Dios, persuadida de que, no pudiendo nada por vos, todo lo podéis con su gracia y poderosa ayuda." -a sus hijas espirituales de la Orden de la Visitación.

En un retiro de Navidad

"(Jesucristo) es un Señor tan grande, rico y poderoso, que no tiene necesidad de nuestros bienes. ¿Qué presentes podremos, pues, hacerle, si todo el mundo es suyo? Es preciso ofrecerle almas puras y corazones limpios y blancos y vacíos de todas las cosas terrenas; fijaos que nuestras almas han de estar muy limpias para ser ofrecidas a este Niño divino, que nace en este día, el cual es Autor de toda pureza y santidad. He aquí el más grato presente que podemos hacerle: un corazón limpio, contrito y humillado. Él no quiere de nosotras más que el corazón."


Sobre las cualidades que debe tener nuestro trato y nuestro afecto hacia el prójimo

"Mis queridas Hermanas, no nos hagamos ilusiones; es preciso que nuestro afecto, para ser bendecido por Dios, sea común e igual, pues el Salvador no ha mandado que se amara más a unos que a otros, sino que ha dicho: Amarás al prójimo como a ti mismo.

Pensamos a veces que nuestros afectos son muy puros; pero delante de Dios es muy diferente; el afecto que es del todo puro no mira más que a Dios, no aspira más que a Dios y no pretende más que a Dios. Yo amo a mis Hermanas porque veo a Dios en ellas y porque Dios lo quiere así... Vuestra caridad es falsa si no es igual, general y completa con todas vuestras Hermanas, de manera que seáis tan suave con una como con otra. El motivo del amor que profesáis a vuestras Hermanas no debe estar fundado más que en el seno de Dios; si está fuera de ahí, no vale nada. ...cuanto esta unión con nuestras Hermanas sea más pura, más general y más entera, tanto mayor será nuestra unión con Dios."


Sobre la reforma del alma

"En verdad, mis queridas hijas, es por falta de conocernos bien por lo que nos asombramos de vernos defectuosas, pues presumimos tanto de nosotras, que siempre esperamos algo bueno; nos engañamos, y Ntro. Señor mismo permite que caigamos, algunas veces bien torpemente, a fin de que nos conozcamos...

Este conocimiento de nosotras mismas consiste en que debemos creer, con gran certidumbre de fe, que no somos nada, que no podemos nada; que somos débiles, flacas e imperfectas, aficionando nuestra voluntad a amar nuestra pobreza y miseria.

La reforma del alma comienza: por el conocimiento de sí misma y la confianza en Dios; el propio conocimiento nos hará ver que hay en nosotras muchas cosas que corregir y reformar, y que, sin embargo, no podremos llevarlo a cabo por nosotras mismas; la confianza en Dios nos hará esperar que todo lo podemos en Él y que, con su gracia, todas las cosas nos serán posibles y fáciles."


Sobre la caridad y la pureza de intención

"Alguna vez podrá ocurrir que una Hermana nos haya molestado, que nos haya hecho alguna mala partida, o que no le tengamos simpatía; otra vendrá a hablarnos bien de ella, y contestaremos con medias palabras que rebajarán todo aquel bien y harán como una gota de aceite que cae en la tela, una mancha irremediable en el corazón de aquella Hermana con quien hablamos. Y notad que todo el mal que haga la Hermana a consecuencia de esa mala impresión que nosotras le hayamos causado cargará sobre nuestra conciencia, y seremos culpables de ello y castigadas severamente. Dios dice que odia seis cosas, pero que la séptima la abomina, y son aquellos que desunen los corazones y siembran la discordia entre los hermanos."


Sobre el amor propio y los perjuicios que causa en el alma

"Cuando uno se ha vencido o ha ejecutado alguna buena acción, se siente cierta complacencia y satisfacción que lo estropea todo, y nos lo hace perder todo, si no ponemos mucho cuidado. ¡Qué desgracia cuando, después de haber hecho algunos sacrificios, alguna auto-negación de actitudes o palabras o cualquier otra cosa, terminamos complaciéndonos en nosotras mismas! Pero mirad: si no se puede nunca, o rara vez, hacer el bien sin que nos quede alguna satisfacción, esto no es malo; la que echa a perder todo es el entretenerse y complacerse en ello.

Y ¿qué hacer entonces? Hay que ahuyentar y aniquilar todos los pensamientos de complacencia y vana satisfacción, humillarse y procurar su desprecio, dar a Dios la gloria de todo y reconocer que nada podemos por nosotras mismas. O sea que no se debe buscar más que la gloria de Dios en todas las cosas y no hacer nada sino para complacerle."


Sobre "la confianza que debemos tener
en la infinita sabiduría, bondad y omnipotencia de Dios":

"...Consideraba que Ntro. Señor ha permitido que desde el tiempo de los Apóstoles haya habido siempre herejías, y toleraba que se adorara a los perros, gatos y otra suerte de ídolos, como si fueran verdaderos dioses; y pensar que nosotras, miserables criaturas como somos, nos queremos preferir a las demás; queremos que nos estimen, y nos disgustamos cuando no hacen más caso de nosotras que de las demás; ¡y, no obstante, vemos que el Hijo de Dios ha sufrido tantos desprecios!


Sobre las palabras de Ntro. Señor:
"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo..."

"Estas palabras son el fundamento de toda la perfección cristiana y religiosa. Negarse a sí mismo es renunciar a toda la voluntad de la carne, a todas nuestras inclinaciones, deseos, contentos, satisfacciones, delicadezas, gustos, placeres, humores, hábitos, propensiones, aversiones y repugnancias a las cosas ásperas; en fin, renunciar en todo y por todo a ese perverso yo. Luchar por destruir vuestros caracteres, pasiones e inclinaciones; en una palabra, toda nuestra naturaleza; y esto, con enérgica voluntad y con una generosa y perseverante mortificación de todo vuestro ser.

Es necesario saber que solamente hay que mortificar las inclinaciones imperfectas o de cosas malas, y no las buenas o las que tenemos a cosas buenas; por ejemplo: me mandan hacer un trabajo y yo me siento inclinada a hacer otro; hay que mortificar esta inclinación y sujetarla a la obediencia. Pero me dan a hacer un trabajo que me gusta: no debo entonces, bajo el pretexto de mortificar mi inclinación, rehusar dicho trabajo, sino ofrecer a Dios esta labor y decir: la hago, no por la inclinación que a ella siento, sino porque la obediencia me lo manda (o, en el caso de los laicos: Lo hago por amor a ti, Señor; o, porque es mi obligación)."


Es necesario aclarar que todos estos pasos de la vida espiritual hacia la santidad, los vivía y enseñaba Santa Juana, al igual que todos los santos, con gran gozo y amor, ya que los mandatos del Señor, lejos de ser una carga, "son dulces como la miel para quien ama a Dios", como decía S. Francisco de Sales.

En todas las conversaciones y cartas de Sta. Juana de Chantal, el pensamiento más importante era, sin duda, la mayor gloria de Dios y la santificación de las almas.


Podemos concluir compartiendo una visión que experimentó San Vicente de Paul

"San Vicente de Paúl me contó que, habiendo tenido noticias de la gravedad de la enfermedad de nuestra desahuciada Madre (Sta. Juana Fca. De Chantal), cayó de rodillas para rogar a Dios por ella, y el primer pensamiento que le vino, fue el de hacer un acto de contrición por los pecados que ella hubiera cometido, y que inmediatamente después, se le apareció un globito de fuego, que se levantaba de la tierra y se absorbía en la parte superior del aire con otro globo más grande y más luminoso y ambos se unieron en uno solo, fueron elevados más alto, entrando y ardiendo dentro de otro globo infinitamente más grande y más luminoso que los otros; y que él supo interiormente que el primer globo era el alma de Nuestra Carísima Madre, el segundo la de nuestro Bienaventurado Padre (S. F. de Sales) y el otro, la Esencia Divina, que el alma de nuestra queridísima Madre se había vuelto a unir a la de nuestro Padre, y las dos, con Dios, su Principio Soberano."

Él contó más adelante, que, "en la celebración de la Santa Misa por nuestra querida Madre apenas se enteró de que había pasado a mejor vida, se le ocurrió que debería rezar por ella, ya que podría estar en el purgatorio por ciertas palabras que había dicho hacía un tiempo, las cuales, al parecer, contenían pecado venial, y al instante volvió a tener la visión, los mismos globos y su unión, y tuvo la convicción interior de que el alma de nuestra Madre estaba bendecida, que no tenia necesidad de oraciones."

Deseamos que el conocer sobre la vida y algunos rasgos de las enseñanzas de Sta. Juana de Chantal, cuyos restos descansan en el Monasterio de Annecy, Francia junto a los de San Francisco de Sales, sean de gran provecho para el lector, lo lleven a amar más y a desear las virtudes del Corazón de Ntro. Señor Jesucristo y de su Santísima Madre y a promover el reinado de estos Dos Corazones, a través de una vida de virtud auténtica, oración y sacrificio.

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