Tercer Monasterio de la Visitación
"...nada pidáis y nada rehuséis; estad siempre conformes con lo que quiera Dios que en cada momento tengáis..."
(San Franciso de Sales)


1. PRIMEROS INICIOS DE LA GUARDIA DE HONOR

Corrían los ajetreados años de mitad del siglo XIX, caracterizados en muchos países por la búsqueda de un nuevo orden social en el que se excluía toda referencia a Dios. Más o menos, lo mismo que pasa hoy, pues sigue siendo cierto eso que tantas veces hemos oído: la historia se repite. Y los presuntos constructores de la Europa de hoy, por muy modernos que se crean, no inventan nada nuevo cuando quieren hacer desaparecer de su Constitución el nombre de Cristo, que es, quieran o no, "en quien vivimos, nos movemos y existimos".

Pues bien, basta releer un poco la Historia para advertir que en aquella época tan aparentemente descreída, fueron muy numerosas las personas que, penetradas del amor a Dios y a los hermanos, emprendieron la apasionante aventura de reunir a compañeros y fundar nuevas congregaciones religiosas, muchas de las cuales tenían por fundamento la espiritualidad del Corazón de Jesús, especialmente según las revelaciones de Paray-le-Monial.

Hacía ya dos siglos que Jesús había volcado su Amor, su intimidad, en una joven visitandina, Margarita Mª de Alacoque, descubriéndole, como ella misma dice, los secretos de su Corazón . La Orden de la Visitación había recibido en la persona de Margarita Mª el encargo de dar a conocer a todo el mundo el mensaje de amar y hacer amar a ese Dios que tiene un Corazón que late de amor y sufre por el desprecio con que se le trata.

Monasterio de la Visitación de Bourg-en-Bresse, donde se fundó la Guardia de Honor

A fines de 1862, la superiora de la Visitación de Annecy, la cuna de la Orden, dirigió una circular en la que animaba a responder con más celo a ese encargo, dadas las circunstancias en que vivían. Esa llamada halló un eco especial en la Hna. María del Sagrado Corazón, de la Visitación de Bourg-en-Bresse. Nunca había imaginado que ella, monja de clausura, iba a ser el instrumento escogido por el Señor para crear una Obra llamada a hacer subir desde esa misma sociedad secularizada un canto ininterrumpido de Amor, Alabanza y Reparación a Dios que nos ama con todo su Corazón.

Un día, en los primeros meses de 1863, tuvo la inspiración del Cuadrante . En seguida lo dibujó en un gran papel y escribió encima: ¡Gloria!, ¡Amor!, ¡Reparación! Se detuvo. ¿Y en la parte inferior? Sintió un impulso interior indescriptible y con mano firme trazó el nombre: Guardia de Honor del Sagrado Corazón .

El viernes 13 de marzo de 1863, fiesta entonces de las Cinco Llagas, todas las Hermanas de la comunidad escribieron sus nombres en torno al Corazón dibujado en el centro, en la hora escogida por cada una, durante la cual, sin cambiar de ocupación, unirían su vida a la ofrenda de Cristo al Padre en la Cruz y la Eucaristía, para suplir el amor que los hombres le negaban.

Se acababa de fundar la Guardia de Honor, abrasada en el fuego que Jesús había venido a traer al mundo. El 19 de marzo, en la fiesta de san José, se inscribían los primeros seglares y sacerdotes, y ya antes la Obra había franqueado las puertas de clausura del Monasterio: la primera copia del Cuadrante partía rumbo al Vaticano, donde escribirían en él sus nombres los guardias suizos, que serían en adelante no sólo "guardias" del Vicario de Cristo, sino también "guardias de honor" del mismo Corazón de Cristo.

Era el comienzo de una historia que aún sigue haciéndose; era la semilla de un árbol que hoy extiende sus ramas por todo el mundo, un mundo que necesita cada vez con más urgencia conocer y amar al Amor de Dios manifestado en los latidos humanos del Corazón de Jesús.


2. ESTABLECIMIENTO DE LA GUARDIA DE HONOR


El Domingo de Ramos de 1863, durante el ofertorio de la santa Misa Hna. María del Sagrado Corazón, recibe luces e inspiraciones muy claras y precisas acerca del objeto de la Guardia de Honor. Le impresionan las palabras del salmo 68: " La afrenta me destroza el corazón y desfallezco. Espero compasión y no la hay, consoladores y no los encuentro".
En este pasaje de la Sagrada Escritura, nuestro Señor, por boca de su profeta, exhala sentimientos de gran tristeza por verse abandonado de aquellos mismos a quienes más testimonios de amor ha prodigado. Hna. María del Sagrado Corazón ve en esta queja conmovedora del Maestro la razón de ser de la Guardia de Honor. Su fin principal sería consolar al Corazón de Jesús mediante la reparación y el amor. Por turno, en la hora elegida, los Guardias de Honor ofrecerían al Corazón de Jesús, con todo el fervor posible, sus trabajos, sus penas, sus alegrías, todo, para consolarle de la ingratitud de los hombres y suplir el amor que otros le rehúsan.

Con permiso de la Superiora, aprovecha ese retiro "forzoso" y el recogimiento de los últimos días de Semana Santa, para redactar el programa de la Obra. El Jueves Santo, cerca del Sagrario, escribe de un tirón el programa, tal como debían más tarde reproducirlo las primeras hojitas de propaganda. El Viernes Santo, compone la oración "Ofrecimiento de la hora de guardia". Presintiendo que millares de personas la recitarían para consagrarse al Divino Corazón durante la hora elegida, la humilde visitandina pide al Señor con gran fervor que la ilumine para no poner en ella sino lo que Él quiera.

En abril, mes entonces dedicado a los santos Ángeles, la Hermana escoge los nueve coros de los Ángeles que habían de ser, con la Santísima Virgen, San José y los justos de la tierra, como los doce Protectores con quienes los asociados se unirían para cumplir, en cada hora, su piadosa misión.

En el día del Sagrado Corazón, "he sentido mejor que nunca -escribe la Hermana- lo que es el Corazón de Jesús: un abismo de amor incomprendido, desechado, rechazado hacia su fuente: ¡cuánto ha sufrido y sufre todos los días este Corazón tan dulce por nuestra inmensa ingratitud! Le supliqué que me concediera la gracia de darle conocer un poco y hacerle amar."

El domingo siguiente, 14 de junio de 1.863, estando ella en oración ante el Santísimo Sacramento, recuerda aquellas palabras: cuyus latus perforatum (cuyo costado fue traspasado) que se graban profundamente en su alma. Entonces, le parece que la Guardia de Honor es el medio providencial de rendir un culto particular a la herida que el Corazón de Jesús recibió en la Cruz por la lanzada del soldado romano.

A partir de este día, se puede decir que la Obra quedaba definitivamente elaborada con su objeto bien determinado, su programa y su cuadrante. Nada faltaba ya; todo lo había recibido, incluso el nombre. Es cierto que se podría profundizar más en ese abismo sin fondo, pero las bases, los cimientos, estaban echados y eran tan sólidos que se podía emprender la marcha con plena confianza. Veremos cómo multitud de personas atraídas por la gracia, se apresurarán a formar núcleos de guardias fieles entorno del Corazón herido de Jesús.

3. LA PRIMERA EXPANSIÓN

Monasterio de la Visitación en Annecy (Francia)

El 19 de marzo de 1.863 se habían inscrito los primeros asociados, 16 seglares y dos sacerdotes. Hacia finales del mes llegaba al centro la primera adhesión episcopal, la de Mons. Chalandon, Arzobispo de Aix, y en abril, la de Mons. de Langalerie, Obispo de Belley. Escogió su hora de cinco a seis, pero luego no estaba satisfecho, declaró que hacía su guardia en todas las horas del día.

El 9 de mayo la Providencia conducía al Monasterio de Bourg al R. P. Bernardino, capuchino saboyano, que al oír hablar de la asociación naciente, se inscribió sin dudarlo, escogiendo la hora de guardia de doce a una y prometió ser fiel en practicarla. Llevó un cuadrante para su convento de Meylan, asegurando que todos los Padres se inscribirían. Como volvía a Annecy, quiso llevar también el cuadrante destinado al primer Monasterio de la Visitación de aquella ciudad, cuna de la Orden.

Desde su primera aparición, la Guardia de Honor tuvo la mejor acogida en Annecy, donde bastaron algunos minutos para recoger todos los nombres de todas las Hermanas y provocar las más generosas promesas de fidelidad. Esto causó una alegría muy dulce a Hna. María del Sagrado Corazón. ¿No era como una bendición especialísima de los santos Fundadores de la Visitación, que le venía por estas líneas de la Madre Ana Mª Babin, superiora del Monasterio?

"Lo que más nos agrada en esta santa devoción , le decía , es que no impone ninguna singularidad, ninguna oración; en el fondo, no es sino una observancia más exacta de la Regla durante una hora del día; por eso la hemos aceptado todas con empeño."

La Guardia de Honor no debía ser recibida con menor entusiasmo por la Visitación de Paray le Monial. Una amiga de la comunidad de Bourg, que se disponía para una peregrinación al sepulcro de santa Margarita Mª, recibió antes de partir, un cuadrante con encargo de colocarlo en la capilla de las apariciones.

¡Cuales no fueron la sorpresa y la emoción a un mismo tiempo de las Hermanas de Paray a la vista del cuadrante en el momento preciso en que daban la última mano a un cuadrante casi idéntico! Todo era parecido; el Divino Corazón en el centro, las doce horas inscritas alrededor y hasta los santos protectores; la única diferencia estaba en el orden señalado a cada uno de estos últimos. Pero estando la obra más adelantada en Bourg, donde tenían ya inscripciones en el cuadrante, billetes celadores y el ofrecimiento de la hora de guardia, las visitandinas de Paray se hicieron inscribir en el cuadrante que se les había remitido.

Los Monasterios de la Visitación no debían tardar en solicitar a porfía su inscripción en los libros de la Obra. Al fin de ese año de 1863, ya se habían inscrito 112, respondiendo así al deseo, expresado en otro tiempo por san Francisco de Sales: "Yo quisiera para el Sagrado Corazón, en lugar de la corona de espinas, una corona formada por los corazones de todos los hombres".

Pero no sólo se extendía la Guardia de Honor en los claustros. Los Monasterios se convertían en focos de donde se irradiaba al exterior. Antes de terminar el mes de junio de 1863, el jesuita el P. Wedl, maestro de novicios en Londres y hermano de una superiora de la Visitación, introducía la Obra en Inglaterra, donde dos siglos antes, otro hijo de san Ignacio, san Claudio de la Colombière, había llevado las primicias de la devoción al Sagrado Corazón.

Los progresos tan rápidos de la Guardia de Honor, eran un consuelo para la fundadora, pero al mismo tiempo la asustaban y le hacían desear que su dirección se confiase a manos de sacerdotes y apóstoles.

Hacia mediados de junio de 1.863, vino al Monasterio el P. Justino Martín, un jesuita que la había conocido al principio de su vida religiosa y mantenía con ella correspondencia epistolar. Hna. María del Sagrado Corazón le explicó clara, sencilla y francamente todo lo concerniente a la Guardia de Honor. El P. Martín se entusiasmó y la humilde religiosa pensó que era llegado el momento de retirarse del campo de acción y volver a la vida de retiro y de silencio, entregando a los jesuitas los intereses y dirección de la querida Guardia. Pero no lo juzgaron así los superiores y tuvo que seguir adelante, con nuevos alientos, para mayor gloria del Sagrado Corazón.

Algún tiempo después se hicieron otras tentativas en el mismo sentido y también sin resultado. Era manifiesto que Dios quería guardar en la Visitación de Bourg su precioso tesoro. Desde allí debía extender la Guardia de Honor por todo el mundo sus rayos luminosos

4. LOS PRIMEROS IMPRESOS

La Guardia de Honor llevaba sólo unos meses de vida y la tarea se volvía ya abrumadora, pues todo el material de difusión, cada vez más solicitado, se hacía a mano. Pero la Providencia no tardaría en intervenir.

En la primera quincena del mes de agosto, la parroquia de Poule, en la diócesis de Lyon, había acogido con fervor la nueva asociación; el párroco y su vicario figuraban a la cabeza de otras 120 personas que habían inscrito sus nombres en el gran cuadrante que habían encargado a Bourg.

La Asociación había llegado allí gracias a María Beaupertuis, una joven originaria de Poule, que trabajaba en Bourg y conocía la Visitación. Al ver que, a pesar de la buena voluntad de las Hermanas, no alcanzarían a proveer de fórmulas de consagración a todos los guardias de honor de Poule para la fecha deseada, tuvo una feliz y atrevida idea: sin consultar con nadie, hizo imprimir las hojas explicativas: Objetivo de la Obra. Se fueron allí todos sus ahorros, pero se sentía dichosa al pensar que en Poule, su pueblo, todos tendrían las hojas y oraciones para la hora de guardia.

¿Cómo no ver aquí la delicada condescendencia del Corazón de Jesús que se goza en recompensar a los humildes y sencillos coronando sus esfuerzos con el éxito? Él mismo había dicho a santa Margarita María de Alacoque: "Nada le sirve el poder de los hombres, porque la devoción y el reinado de este Sagrado Corazón no se establecerán sino por medio de personas pobres y despreciadas, y entre contradicciones, a fin de que no se atribuya nada al poder humano".


Monseñor de Langalerie

La alegría de Sor María del Sagrado Corazón fue grande al recibir estas hojas. Era una encantadora atención de la Providencia, algo inesperado. La buena María de Beaupertuis, en su sencillez, no pensó en absoluto en el imprimatur . Las Hermanas se apresuraron a pedirlo y Monseñor de Langalerie lo concedió con su habitual benevolencia. Desde entonces, Sor María del Sagrado Corazón, que era la secretaria de la Comunidad, no dejaba de deslizar discretamente en cada sobre una de las hojas impresas destinada en esos primeros meses a hacer conocer la Guardia de honor.

Así fue pasando el mes de noviembre de 1863. Antes de fin de año esta "hoja programa" contaba con la aprobación de los Obispos de Belley, Annecy y de Autun. "Con estos tres nombres, decía un distinguido sacerdote, la Obra puede ser presentada y acogida favorablemente en todas partes".

5. NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN

En todas las obras de Dios hay siempre una especie de doble "sello" que las distingue de las demás: las pruebas y la aprobación por parte de la Iglesia. Y este sello no podía faltar, ya desde los comienzos, a la Guardia de Honor del Corazón de Jesús .


Padre Julio Chevalier

Las primeras dificultades vinieron de parte de algunos amigos que proponían fusionar la Asociación con otras, ya autorizadas o creadas hacía poco, como la de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, organizada por los Misioneros del Sagrado Corazón, fundados en Issoudun por el P. Chevalier. El fundador había encomendado esta obra a las oraciones de las Hermanas de Bourg-en-Bresse, que habían acogido con alegría el nuevo título de la Virgen. Una de las más entusiastas había sido precisamente Hna. María del Sagrado Corazón, que no dudó en poner a la Guardia de Honor bajo la protección de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Así la invocaron los asociados durante un tiempo, hasta que Monseñor de Langalerie, inquieto sobre la ortodoxia de esa nueva apelación, declaró que no autorizaría la impresión de más hojas programa si no se hacía desaparecer ese nombre.

El P. Chevalier y las visitandinas escribieron al Obispo, que exigía documentos canónicos que justificaran la nueva denominación. Por fin, un jesuita logró tranquilizarle, alegando que el título de la Madre de Dios no podía ser excedido ni igualado por ningún otro, aun cuando fuera el de Reina del Sagrado Corazón. El obstáculo estaba vencido.

Hna. María del Sagrado Corazón veía brillar de nuevo un rayo de esperanza. Ahora se preguntaba si el P. Chevalier, que conocía la Guardia de Honor no podría aceptar su dirección y, sobre todo, fusionar la obra con la de Issoudun. Con el consentimiento de la Superiora decidió proponérselo y la respuesta fue afirmativa. Sólo faltaba la aprobación del Obispo a quien remitieron la carta del fundador de los Misioneros. Es difícil expresar la sorpresa con que se recibió en el Monasterio, algunos días después, una ordenanza episcopal con fecha 9 de marzo de 1864 estableciendo en la capilla de la Visitación de Bourg la Cofradía de la Guardia de honor del Sagrado Corazón.

Monseñor de Langalerie había visto con claridad que si la obra se trasladaba a Issoudun, su diócesis la perdería, y a fin de fijarla en forma definitiva, por propia iniciativa y sin que intervinieran para nada las visitandinas, la erigió canónicamente en la iglesia del Monasterio donde había nacido.

La obra de Issoudun y la Guardia de Honor conservarían, pues, cada una su autonomía y se irían desarrollando simultáneamente con las mismas bendiciones del cielo.

Nuestra Señora del Sagrado Corazón continuó siendo objeto de una filial devoción por parte de Hna. María del Sagrado Corazón, como lo testimonia esta canción:

A tus pies, divina Madre,
repetimos con fervor
el dulce estribillo y confiada oración
"Nuestra Señora del Sagrado Corazón
¡protege a la Guardia de Honor!"

Jesús en cruz viendo a su Madre
en un océano de dolor
la nombra Reina de la tierra
y soberana de su Corazón.

Y la Tesorera celestial
desde ese día, a manos llenas,
de Jesús tesoros divinos
derrama sobre la tierra.

Dulce Madre, a bendecirte
me consagro en este día;
a todos quiero decirles
lo que a tu amor debería.

Yo quisiera, Reina buena,
a todos los pecadores
hasta tu trono llevar
y que todos los corazones
a Ti te puedan amar.

6. HUELLAS DEL CORAZÓN DE FUEGO

Los "Billetes celadores"
Entre el material que desde los comienzos de la Guardia de Honor influyó más en la difusión de la Obra y formación de sus miembros se encuentran los entonces llamados billetes celadores . Estas sencillas hojas comenzaron repartiéndose por suerte entre los asociados los primeros viernes de cada mes. Su texto, sencillo, conciso, lleno de luz y amor, lleva al alma torrentes de paz y deseos de corresponder al Amor del Corazón de Jesús. Son verdaderas huellas del Corazón de Fuego. Su origen, en realidad, es anterior a la misma Guardia de Honor .

En 1860, unas hojas o billetes que los miembros de una antigua cofradía repartían los primeros viernes de mes, cayeron en manos de una visitandina de Bourg que, encontrando que la idea era bonita, pero el lenguaje bastante anticuado, pidió a otra, de pluma fácil y muy entusiasta del Corazón de Jesús, que los actualizara y así los podrían repartir en la Comunidad. Esta hermana era precisamente María del Sagrado Corazón, que aprovechaba cualquier minuto libre, de los pocos que tenía, para complacer a su compañera, quien encontraba cada día, en su puesto en el refectorio, uno o dos billetes que, a su vez, copiaba cuidadosamente en un cuaderno.

Cuando tres años más tarde, la Guardia de Honor estaba dando sus primeros pasos, el P. Justo Martín, S.J. al que habían pedido consejo, preguntó con qué medios se contaba para mantener viva la obra naciente y le presentaron el cuaderno con los treinta y tres billetes que podrían servir para estimular el "celo" de los asociados, de donde vino su nombre de billetes celadores .

El P. Martín pidió a un sabio jesuita de Lyon, el P. Valuy, que echara un vistazo a la colección y le diera su parecer. "En cada una de estas hojas -respondió- hay alimento espiritual para un mes. Me consideraría feliz si pudiera tenerlas para mis retiros espirituales".

Realmente, el Espíritu Santo había guiado a la Hermana María del Sagrado Corazón, que había escrito sin pensar más que en su propia familia religiosa. ¡Así son las obras de Dios!

A comienzos del año 1864 estos " billetes " se transcribían a mano, con la consiguiente dificultad para hacer frente a los numerosos pedidos que iban en aumento. En estas circunstancias, el primer viernes del mes de febrero, llegaba al Monasterio de Bourg-en-Bresse una carta firmada por María Deluil-Martiny, de Marsella, que providencialmente había leído la sencilla hoja programa. Se sintió plenamente identificada con la Obra y se propuso darla a conocer por todas partes, pero se consumía al ver la lentitud de Bourg que no daba abasto en el envío de cuadrantes de color, billetes celadores, etc. "Les suplico, escribía a Bourg, que hagan imprimir los billetes celadores, los estoy esperando para llevarlos a todos los conventos de Marsella".

La petición no cayó en el vacío. El Obispo de Bourg dio el imprimatur sin dificultad y la Providencia envió los recursos necesarios para cubrir los gastos.


Hermana María del Sagrado Corazón

La primera impresión de billetes celadores fue de 2.000 ejemplares, es decir 66.000 billetes . Ante esta cifra, Hermana María del Sagrado Corazón se asustó, creía que era demasiado, pero la superiora zanjó la cuestión con un: "Adelante, pronto harán falta más" . En efecto, al poco tiempo la simiente de vida echada a los cuatro vientos fue acogida, especialmente por las religiosas y religiosos, con tanto entusiasmo que no sólo hubo que reimprimir esta primera serie, sino que el mismo P. Martín pidió a la fundadora que escribiera otra más adaptada a los seglares.

Poco después se le solicitaron las series para los niños, y para los sacerdotes, tarea que Hermana María del Sagrado Corazón realizó apoyada en la obediencia, pues aseguraba que se sentía impotente. Realmente, Dios le ayudó, pues la serie sacerdotal parece brotar de la misma herida del Corazón de Jesús . La Hermana comenzó su trabajo el domingo 19 de marzo, fiesta de san José, a la una de la tarde, y dejó correr la pluma. El manuscrito quedó concluido, sin una sola enmienda, el miércoles siguiente a las 9 de la mañana. Al finalizar decía conmovida: "Durante este trabajo he comprendido cuán apasionadamente ama el Corazón de Jesús al sacerdote, y conservaré de esta gracia un recuerdo imborrable".

La historia de la edición de cada una de estas series es admirable, llena de dificultades de todo tipo, que hacen brillar más la mano de la Providencia.

Para terminar, añadamos el testimonio de un prelado de la Casa Pontificia de Pío IX: "Si yo hubiera escrito estas cuatro series, tendría toda mi vida por bien empleada".

Con el correr del tiempo, la misma Hermana María del Sagrado Corazón escribió una quinta serie para los cristianos más comprometidos, y después se han ido haciendo otras.

Entre los numerosos conventos que apreciaban los " billetes celadores" se encuentra, por ejemplo, el Carmelo de Lisieux. Las Hermanas los sacaban cada primer viernes.

Santa Teresa del Niño Jesús conservaba uno en uno de sus libros. Es posible que sea el último que le cayó en suerte, y lleva por título: El alma bendecida por los Corazones de Jesús y de María.

Actualmente, a cada persona que se inscribe en la Guardia de Honor se le entrega una serie de estas "Huellas del Corazón de Fuego" que cada uno puede usar para su oración personal. También en varias parroquias se reparten al azar los primeros viernes, y siempre son recibidos como una consigna dirigida por el mismo Corazón de Jesús.

7. LAS FRONTERAS SE ENSANCHAN


San Ignacio de Loyola,

En marzo de 1864, el Mensajero del Corazón de Jesús en un excelente artículo firmado por el R. P: Ramière, S.I., fundador del Apostolado de la Oración, hizo que la Guardia de Honor se conociera aún más lejos que hasta entonces. Pero como se daba a Inglaterra como su país de origen, hubo que aclarar el error y ello dio lugar durante cierto tiempo a una correspondencia ad majorem Dei gloriam , según el lema de los jesuitas, con el objetivo de reunir las dos Asociaciones.

Por ese lado no se consiguió nada, pero la Hna. María del Sagrado Corazón no se dio por vencida. Contenta por la rápìda extensión de la Obra, aunque temerosa por el futuro, seguía deseando más que nunca que la dirección pasara a manos de sacerdotes y al corazón de apóstoles. Con el consentimiento del Obispo, probó fortuna dirigiéndose al mismo General de los jesuitas, el Padre Beckx. Se intercambiaron varias cartas entre el 15 de mayo y el 9 de julio de 1864, y si el resultado tampoco fue el deseado por la humilde fundadora, al menos se obtuvo la inscripción personal del P. Beckx, sus consejos valiosos y la "seguridad de que los religiosos de la Compañía unirían sus esfuerzos a los de las hijas de San Francisco de Sales para propagar este nuevo modo de honrar el Corazón de nuestro divino Maestro".

Y en verdad, muchos son los hijos de san Ignacio, como los Padres Justo Martín, Valuy, Calage, de Villeneuve, Gugholtz, Chérnaz, Hidalgo, san José María Rubio y tantos otros, que han cumplido y siguen cumpliendo esta palabra.

El Padre Beckx había insinuado que podría intentarse la fusión de la Guardia de Honor con la Archicofradía Romana del Sagrado Corazón. Precisamente ese mismo año 1864, el secretario de dicha Archicofradía, Monseñor Borghi, Postulador de la causa de la que entonces se llamaba todavía Venerable Margarita María, iba a Francia, a Paray-le-Monial, como delegado de la Santa Sede para presidir, con el Obispo de Autun, el reconocimiento de los restos mortales de la futura Beata.

El 15 de julio una Hermana externa de Bourg viajaba a Paray con el encargo de exponer ante el Prelado ese proyecto. Hay que reconocer que el día fue mal elegido para tratar un asunto de este tipo, pero se trataba de una ocasión única que no se podía desaprovechar. Sin embargo, Monseñor Borghi no quiso darles ninguna esperanza y su actitud al examinar la súplica daba a entender que este trámite no tendría éxito. Así fue.

Se encontraban de nuevo en el punto de partida. Todas las tentativas de mejoras pensadas para alojar en lugar seguro a la querida Guardia , como la denominaba Hna. María del Sagrado Corazón, fracasaban unas detrás de otras. No, el Corazón de Jesús no quería para su obra ningún apoyo humano. Él mismo se reservaba dirigir los remos y dominar los vientos y las tempestades al ritmo de su amor.


P. Alfonso María de Ratisbona

Entretanto, la Obra llegaba hasta Oriente Próximo gracias al P. Alfonso María de Ratisbona, célebre judío convertido, muy conocido de las Hermanas de Bourg. Adinerado banquero judío, nacido en Estrasburgo en 1814, se gloriaba de su ateísmo y oposición radical a la Iglesia. Convertido al catolicismo en 1842, gracias a una aparición de la Virgen de la Medalla Milagrosa, recibió el bautismo en la iglesia del Gesù de Roma, de los jesuitas; se ordenó sacerdote y ayudó a su hermano, también sacerdote, en la fundación de las Hermanas de Nuestra Señora de Sión, y más tarde de los Padres de Sión. Trabajó especialmente en Tierra Santa por la conversión de los judíos y musulmanes, y murió en 1884 precisamente en Ain Karim, lugar de la Visitación de la Virgen a santa Isabel.

En su visita al Monasterio de Bourg en aquella primavera de 1864 se le habló de la Guardia de Honor y no dudó en confiar a la superiora que con esa Obra habían recibido un favor insigne del Corazón de Jesús . Al presentarle un sencillo cuadrante pintado a mano, exclamó: "Dios mío, os aseguro que dentro de poco esto será reproducido en oro, en plata, en esmalte y se extenderá por doquier", palabras proféticas que, como veremos, pronto serían realidad. Invitado a sacar un billete celador de la primera serie, manuscrita todavía, le tocó el número 21: "El alma reparadora de los ultrajes hechos al Sagrado Corazón". Profundamente conmovido, pues su vida estaba consagrada a la reparación, aceptó feliz la propuesta de enrolarse en la Guardia y él mismo se inscribió en el primer cuadrante con estas palabras: El Padre María-Alfonso Ratisbonne y su rebaño -así llamaba a sus hijos espirituales- de Jerusalén.

¡La Guardia de Honor estaba realmente en su lugar de origen: el Calvario!

8. EN LA IGLESIA CON SUS PASTORES

En marzo de 1864, gracias a la feliz iniciativa de la superiora de la Visitacion de Toulouse y los jesuitas, aparecieron los primeros cuadrantes litografiados. Era algo que Hermana María del Sagrado Corazón Bernaud deseaba desde hacía tiempo, pero lo que no imaginaba es que iban a llevar impresos alrededor del Sagrado Corazón, los nombres de los doce primeros obispos inscritos, ingeniosa manera de destacar un patronazgo que era la mejor recomendación para la Obra naciente.

Poco después, una circunstancia providencial iba a hacer aún más notoria esta protección por parte del episcopado. El 5 de junio de 1864, el Cardenal Villecourt consagró solemnemente la nueva iglesia de Nuestra Señora de la Guardia, en Marsella. Asistieron numerosos obispos y María Deluil-Martiny, gran entusiasta de la Guardia de Honor, no quería dejar pasar esa oportunidad sin hacérsela conocer, inscribirles, y, al menos, obtener su bendición.

Era un bello sueño, pero ¿cómo llevarlo a cabo? Jesús debía proveer: Monseñor de Langalerie, obispo de Bourg, que había aceptado la hospitalidad de la familia Deluil-Martiny, se ofreció a ayudarla. El vicario general de Marsella, también de la Guardia, se encargó de presentar a María a los Cardenales de Villecourt y Pitra, quienes después de informarse bien, dieron sus nombres. Les siguió el obispo de Avignon.

El 6 de junio, todos los prelados se encontraron en Tour-Sainte en casa de unos amigos de los Deluil. El Obispo de la ciudad "cuna" de la Guardia de Honor habló de ella a sus venerables colegas, sirviendo de intermediario a la joven, maravillada de tal éxito.

El Papa Pio IX y el Cuadrante con su nombre escrito con letras de oro, que aún se conserva

Veintidós nuevas aprobaciones episcopales fueron el resultado de estos esfuerzos. Como recuerdo de este momento se colocó en el santuario de Nuestra Señora de la Guardia, un cuadrante con los nombres de todos los Obispos inscritos en las fiestas de Marsella.

En realidad, no era de extrañar, ya que casi cuatro meses después de su fundación, gracias a las visitandinas de Paray-le-Monial el nombre del Papa Pío IX estaba escrito con letras de oro en un Cuadrante que aún se conserva.

Todas estas noticias hacían saltar de gozo a Hermana María del Sagrado Corazón, que como buena hija del Obispo de Ginebra, san Francisco de Sales, amaba apasionadamente a la Iglesia.

Más tarde, en momentos de dificultades y contradicciones de todo tipo que amenazarían a la Guardia de Honor, el P. Justo Martín, S.J. podría escribir: "La aprobación simultánea y el apoyo benevolente que tan numerosos Obispos han concedido desde el principio a esta Obra, son una prueba de que es de Dios, de otra manera se tendría que considerar que estos dignos Obispos no sabían lo que hacían".

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